Independientemente del "compromiso" que en apariencia y de manera sumisa contrajo con AMLO, y que hizo que Iztapalapa votara por él, Juanito, como buen alumno de su mentor, mandó al diablo a éste y a su "gobierno legítimo". Tiende ahora a ser otro ídolo, otro cacique más de una izquierda populista que se fragmenta conforme pasa el tiempo.Y la conclusión de la historia es que de los juanes que teníamos, ahora solo nos quedan un Juanito y un Juanote.